Torben Bo Halbirk

DE AGUA Y PAJAROS EN VUELO

De agua y pajaros en vuelo... Es solamente así, pensaba yo, que puede expresarse la obra de pintura y grabado de mi amigo Torben Bo Halbirk. Después de nuestro primer encuentro en París en 1984,  no conocía su trabajo todavía. Un amigo en común había organizado un encuentro; nosotros nos reencontramos en tanto que extranjeros, lo que no quiere decir que hayamos sipatizado al instante. Yo sentía una cierta incomodidad a preguntarle por sus trabajos, como si me arriesgara a rentar una cosa con la que luego no me sintiera a gusto. Después de algunas botellas de vino  y muchos encuentros,  nos aproximamos -aunque yo evitaba el hacer preguntas sobre su trabajo-

En mi segunda estancia en París, iba por primera vez a su taller, no lejos de l'ile de la Cité.

En ese momento me sentí sorprendido por lo que pude ver en los muros de un taller más bien pequeño- como suelen ser en París.

Me sentía un poco como un viajero de principios de siglo, que llega a París con mucho dinero en los bolsillos, encuentra a todos los buenos artistas aunque pobres y que compra, compra, compra...

 Ví buenos cuadros, sentidos profundamente, llenos de melancolía, pero al mismo tiempo llenos de colores agradables. Ya en esta época vi la luz del sol centellante sobre la Marne,  también estaba el águila que sobrevuela el desfiladero en picada, encontraba yo a alguien enamorado de Monet, pero que cambiaba ese amor en un Halbirk.

La visita del taller Frelaut, en las escaleras de Montmarte, aporta nuevas impresiones al trabajo de Bo -una gran águila deslizándose por debajo del papel. Era para el artista un nuevo sujeto de experimentación con nuevas técnicas y formas de expresión. Después ví en sus grabados, ventanas abiertas, acantilados  empinados, navajas de mar y de costa. Todo estaba reflexionado y no era necesariamente melancólico como lo había pensado al principio, colores apacibles, un buril muy  mesurado, una técnica de grabado adquirida a la perfección, combinada con la busqueda de nuevas posibilidades. Halbirk no trata de escapar de la pintura, yo creo que es en el grabado que reside su fuerza.  Bo es un hombre interiorizado que no deja fácilmente libre curso a sus sentimientos -ni en la vida real ni en el arte - tiene necesidad de tiempo para encontrar el contacto con el hombre.

Aunque uno puede simplemente ser su amigo -queriendo ser amigo uno mismo.

Delante mío, yo veo obras que representan el agua. exactamente así! El agua ligada a las pequeñas cosas que la hacen más realista -un poste, un anillo de anclaje, un muelle-

Es quizás  el elemento danés que surge, es el elemento que siempre, lo busquen o no-, está ligado al agua, pero hay aqui una comprensión extraordinaria de este elemento de nuestra vida.

Esto rema, esto cintillea, monta contra la orilla; esto refleja otras cosas. De reflejos en si: se trata igualmente de reflejos de otras cosas de la vida ?.

Yo creo que Torben Bo Halbirk es capaz de muchas cosas, salvo de manipular a la ligera reflexiones sobre las actitudes humanas, reflejadas en él con su elemento: el agua.

Al lado de la maestría extraordinaria de los medios técnicos del grabado, al lado de la nobleza pictórica, aparte de la personalidad artística de Halbirk, él es simplemente un hombre.

Yo creo además que Torben Bo Halbirk es un maestro bueno y sensible, un maestro para el que quiera penetrar en los secretos profundos de las artes plásticas, y él debe ser un buen maestro justamente por que es simplemente un hombre. Halbirk Internacional -es así que a veces juega por telefono. El es así artística y humanamente.

 

Peter Hartman, Historiador de Arte, Berlín.

 

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